Breve introducción al blog
¡Hola vividores!
Podéis llamarme Rodre. En realidad mi nombre es compuesto, pero no me gusta tener nombre de virgen (aún así queda chulo decir "L.A. yeah, that's my second name")
Nací para conocer. Se conoce mediante la experiencia y ésta te la da la vida. En resumen, nací para vivir. Pero hay muchas maneras de hacerlo y a mí me gusta viajar, la fotografía y las galletas, es lo que hay.
Soy un bípedo implume y le busco lógica a todo, pero mas bien mi mente lo centrifuga todo hasta hacer que pierda sentido. Una locura.
Tengo otro blog, el de "Hoy me siento feliz" pero este es diferente. Es mucho más personal, es posible que ya te hayas dado cuenta de que desvarío, puede ser que sea porque estoy un poco loca.
¡Espero que disfrutéis! :)
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domingo, 6 de mayo de 2012
El color de las personas
Contemplaba el árbol cuya mitad ardía incesantemente cuando se dio cuenta del gran número de fallos que llevaba ya tiempo cometiendo y que, aún pudiendo haberlos evitado en su momento, ahora ya conformaban gran parte de su día a día: se adueñaban ahora de sus relaciones, de sus ideas, de sus principios... Se unía a la mayoría, se convertía en poesía artificial.
Observaba fijamente el color de las llamas; amarillo, naranja, rojo... Relucían con hermosa calidez, sencilla naturaleza. Era consciente de que en algún momento se había encontrado en el centro de las llamas, nunca rojo pero sí cálido, expresivo, creativo... Pero también sabía que cada vez se iba más hacia donde las ramas abundaban y los brotes escaseaban, le costaba diferenciar la belleza de las matemáticas, y sabía que se iba desplazando más y más hacia los colores azulados, hacia el frío, hacia la lógica aplastante, hacia la muerte de las musas.
Estaba triste de saberlo, pero no se sentía con ganas de llorar: ya ni siquiera era capaz de ello. Le remordía saber que con tan sólo una lágrima podría haber convocado a sus musas, esa maravillosa inspiración que fue en su día el centro y sentido de su existencia.
Se sintió atrapado, como en una jaula sin barrotes. Simplemente abrió la puerta y echó a correr hasta que su respiración se convirtió en un jadeo similar al de un lobo. Corrió entre los charcos y buscó la zona más alta en la oscuridad. Trepó a un árbol, el suelo estaba demasiado bajo para él y, desde arriba, en la rama más alta disfrutó de la visión externa de la realidad. Con el corazón aún bombeante, notó cómo un aullido salía de su propio pecho y con él parecían irse los problemas. Después de el primero, vinieron muchos más hasta que la afonía se apoderó de su garganta y la lluvia acompañó sus lágrimas. Sintió el viento fresco y renovador de la tormenta y se dejó encender por un rayo. Por un momento le pareció que el fénix estaba a punto de renacer y volver a alzar su vuelo...
Nota: No es una gran redacción, son más bien pensamientos acumulados que tenían que salir de alguna manera y acabé usando las metáforas de "el color de las personas" de C.M.B. ("Monty"), una gran amiga.
Se lo dedico a ella, por acompañarme a aullar cada vez que lo necesito, por correr por el barro cada vez que me da el arrepío, por hacer crecer la inspiración, llama que cada vez está más extinta. De verdad, gracias.
El dibujo es de Nuria RC, aquí su flickr. Espero que no te importe que haya usado este dibujo! :)
Observaba fijamente el color de las llamas; amarillo, naranja, rojo... Relucían con hermosa calidez, sencilla naturaleza. Era consciente de que en algún momento se había encontrado en el centro de las llamas, nunca rojo pero sí cálido, expresivo, creativo... Pero también sabía que cada vez se iba más hacia donde las ramas abundaban y los brotes escaseaban, le costaba diferenciar la belleza de las matemáticas, y sabía que se iba desplazando más y más hacia los colores azulados, hacia el frío, hacia la lógica aplastante, hacia la muerte de las musas.
Estaba triste de saberlo, pero no se sentía con ganas de llorar: ya ni siquiera era capaz de ello. Le remordía saber que con tan sólo una lágrima podría haber convocado a sus musas, esa maravillosa inspiración que fue en su día el centro y sentido de su existencia.
Se sintió atrapado, como en una jaula sin barrotes. Simplemente abrió la puerta y echó a correr hasta que su respiración se convirtió en un jadeo similar al de un lobo. Corrió entre los charcos y buscó la zona más alta en la oscuridad. Trepó a un árbol, el suelo estaba demasiado bajo para él y, desde arriba, en la rama más alta disfrutó de la visión externa de la realidad. Con el corazón aún bombeante, notó cómo un aullido salía de su propio pecho y con él parecían irse los problemas. Después de el primero, vinieron muchos más hasta que la afonía se apoderó de su garganta y la lluvia acompañó sus lágrimas. Sintió el viento fresco y renovador de la tormenta y se dejó encender por un rayo. Por un momento le pareció que el fénix estaba a punto de renacer y volver a alzar su vuelo...
Nota: No es una gran redacción, son más bien pensamientos acumulados que tenían que salir de alguna manera y acabé usando las metáforas de "el color de las personas" de C.M.B. ("Monty"), una gran amiga.
Se lo dedico a ella, por acompañarme a aullar cada vez que lo necesito, por correr por el barro cada vez que me da el arrepío, por hacer crecer la inspiración, llama que cada vez está más extinta. De verdad, gracias.
El dibujo es de Nuria RC, aquí su flickr. Espero que no te importe que haya usado este dibujo! :)
domingo, 11 de marzo de 2012
El hombre y los pájaros
Una suave brisa refrescaba la estancia, básicamente amueblada con una mecedora y una mesita, el aire entraba por el balcón y hacía bailar las cortinas de una manera delicada y conjunta. Del exterior entraban olores suaves y el piar de los pájaros en el exterior inundaban la salita con una paz que parecía hacer reavivar la infacia. Tras las puertas abiertas del balcón se veían, cuidadosamente dispuestas, un grupo de jaulas, limpias y colgadas. Todas con comida y bebida, pero muchas de ellas vacías.
Se acercó a ellas y comprobó que todas tenían las puertas abiertas "¡era un viejo tan despistado!", fue cerrándolas una a una, con cuidado de no asustar a los pocos pajarillos a los que no había dado tiempo de escapar.
-Nunca me gustó cortar alas.
Se sobresaltó al oír su voz a sus espaldas. Se había acercado tranquilamente y no había notado la presencia del dueño de la casa. No parecía preocupado por el hecho de que casi todos sus pájaros se hubiesen escapado, solo sonreía plácidamente mientras volvía a abrir las pajareras.
-Si realmente aprecias lo que te rodea, querrás lo mejor para ellos. Si quieren alejarse de mí, lo harán; pero siempre van a tener esas casitas si algún día quieren al menos repostar en las migraciones...
Sus ojos marrones brillaban de un modo pícaro pero cariñoso. Era una mirada que convertía en cómplice de una broma que no había sido gastada, y al mismo tiempo, era una cara marcada por arrugas de experiencia y canas de sabiduría.
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