Breve introducción al blog
¡Hola vividores!
Podéis llamarme Rodre. En realidad mi nombre es compuesto, pero no me gusta tener nombre de virgen (aún así queda chulo decir "L.A. yeah, that's my second name")
Nací para conocer. Se conoce mediante la experiencia y ésta te la da la vida. En resumen, nací para vivir. Pero hay muchas maneras de hacerlo y a mí me gusta viajar, la fotografía y las galletas, es lo que hay.
Soy un bípedo implume y le busco lógica a todo, pero mas bien mi mente lo centrifuga todo hasta hacer que pierda sentido. Una locura.
Tengo otro blog, el de "Hoy me siento feliz" pero este es diferente. Es mucho más personal, es posible que ya te hayas dado cuenta de que desvarío, puede ser que sea porque estoy un poco loca.
¡Espero que disfrutéis! :)
viernes, 19 de septiembre de 2014
Me aburre,me gusta
Me aburre la gente monotemática, cuyas cabezas solo funcionan en una dirección. Me gusta la gente abierta y que salgan de sus espacios de confort para adentrarse en la magia de la realidad.
Me aburre la gente dormida, que vive como si no vivieran, que sienten y no padecen. Me gusta la gente despierta, pasional, que se atreva con todo y a la que le aterrorice la rutina.
Me aburre la gente que se repite, que busca en sus amigos iguales y no diferentes. Me gustan las personas que no se encasilla dentro de un gusto.
Me aburren las personas que no saben. Me gustan las personas que, sin saber, siembran la curiosidad con pregunta.
Me aburre la gente que sentencia. Me gusta la gente que pregunta.
Me aburre la gente cuerda. Me enloquece la gente loca.
Me aburre la gente dormida, que vive como si no vivieran, que sienten y no padecen. Me gusta la gente despierta, pasional, que se atreva con todo y a la que le aterrorice la rutina.
Me aburre la gente que se repite, que busca en sus amigos iguales y no diferentes. Me gustan las personas que no se encasilla dentro de un gusto.
Me aburren las personas que no saben. Me gustan las personas que, sin saber, siembran la curiosidad con pregunta.
Me aburre la gente que sentencia. Me gusta la gente que pregunta.
Me aburre la gente cuerda. Me enloquece la gente loca.
miércoles, 25 de junio de 2014
Automático.
Todo ha cambiado tan deprisa. Ya no somos como solíamos ser ¿lo somos?
¿Y a quién le importará esto? A fin de cuentas sólo somos personas. Podría decirse que ha ido a mejor. Podría decirse que ha ido a peor. Eso el tiempo lo dirá.
En el borde del precipicio los sueños dan vueltas alrededor de la cabeza. Las aspiraciones, las ideas. Es curioso cómo el pensar en el fin puede llegar a darle sentido a la existencia. Flotamos en medio de la nada y, como pompas de jabón que somos, en algún momento, cuando nos acercamos mucho al sol, nuestra estructura explota dejando rastros de lo que fuimos. De lo que quisimos ser, de lo que queríamos y deseamos, de lo que tuvimos. Rastros, a fin de cuenta, de nosotros mismos. Rastros que el mismo viento que nos llevó a nosotros se lleva.
Nuevas vidas, nuevas aspiraciones. Ascensos y descensos. Y despedidas inesperadas que vacían nuestro sentido y nos llenan de más emoción de las que creemos que podemos contener. Pero aún así aguantamos. Cuando algo desgarra la estructura interna. Y al cabo de un tiempo se ve que esa estructura está intacta, que cambió poco más que la pintura de la pared en la que pintamos los sueños. Cambia la compañía, pero seguimos avanzando.
Somos, somos fuertes.
Nuestro cuerpo nos permite serlo, nuestra mente también, y nuestra voluntad nos permite continuar. Porque la misma curiosidad que mató al gato... salvó al ser humano.
¿Y a quién le importará esto? A fin de cuentas sólo somos personas. Podría decirse que ha ido a mejor. Podría decirse que ha ido a peor. Eso el tiempo lo dirá.
En el borde del precipicio los sueños dan vueltas alrededor de la cabeza. Las aspiraciones, las ideas. Es curioso cómo el pensar en el fin puede llegar a darle sentido a la existencia. Flotamos en medio de la nada y, como pompas de jabón que somos, en algún momento, cuando nos acercamos mucho al sol, nuestra estructura explota dejando rastros de lo que fuimos. De lo que quisimos ser, de lo que queríamos y deseamos, de lo que tuvimos. Rastros, a fin de cuenta, de nosotros mismos. Rastros que el mismo viento que nos llevó a nosotros se lleva.
Nuevas vidas, nuevas aspiraciones. Ascensos y descensos. Y despedidas inesperadas que vacían nuestro sentido y nos llenan de más emoción de las que creemos que podemos contener. Pero aún así aguantamos. Cuando algo desgarra la estructura interna. Y al cabo de un tiempo se ve que esa estructura está intacta, que cambió poco más que la pintura de la pared en la que pintamos los sueños. Cambia la compañía, pero seguimos avanzando.
Somos, somos fuertes.
Nuestro cuerpo nos permite serlo, nuestra mente también, y nuestra voluntad nos permite continuar. Porque la misma curiosidad que mató al gato... salvó al ser humano.
sábado, 17 de mayo de 2014
Olvido.
Vuelas. Te olvidas de todo. Te olvidas de los problemas en cada calada, en cada trago.
¿Y qué se le va a hacer si ya nada es como antes? ¿Qué se puede hacer para remediar la soledad?
Me hundo en lo amargo, palpo su sabor y mi tolerancia aguanta. Aguanta meses. Pero toqué fondo hace tiempo y ya los problemas empiezan a enterrarme. Como si fuese mi tumba. La gente que está aquí no está conmigo, y los que están conmigo no están aquí.
Resulta desolador para todos. Y mi fortaleza tiene un límite. Crecimos hacia mundos diferentes, fue echar tierra a un ataúd. Pero la pala estaba hecha de metal candente, y las heridas aún escuecen si las froto. ¿Qué hacer?
Me encuentro a mí mismo en ese sitio. Oscuro, agradable. Parece más un hogar que la casa bien iluminada en la que he estado viviendo hasta ahora. No me duelen los muebles viejos ni los muelles que asoman del colchón. Aquí me reciben con los brazos abiertos. Me ofrecen. Y a pesar de que dije que no volvería, estoy tan hundido, que ya no sé quién soy, y poco importa ya quien fui. A quién le importa lo que dije. Sé que me va a aliviar. Porque estos meses han sido una frustración detrás de otra. Porque estoy más sólo que nunca y me he cansado de la situación.
Mi felicidad actual me hace doblegarme ante el momento, ante las cosas que dije. No eran sólo palabras entonces, pero ahora sí lo son.
¿Acaso sabe alguien lo que se siente el estar totalmente solo? El no tener a nadie con quien contar, el no tener a nadie con quien estar, ni hablar. Ni compartir. Ni dar.
Si lo hay, debería entenderme.
La comodidad no es pecado y la sensación de árida soledad quema el alma hasta que te deja en los huesos.
Me gusta. He de cambiar, eso es algo que sé. Pero no ahora. Sólo un mes más ahogando esta tortura y fumándome mis problemas. Olvidarme de todo, y volver a empezar.
¿Y qué se le va a hacer si ya nada es como antes? ¿Qué se puede hacer para remediar la soledad?
Me hundo en lo amargo, palpo su sabor y mi tolerancia aguanta. Aguanta meses. Pero toqué fondo hace tiempo y ya los problemas empiezan a enterrarme. Como si fuese mi tumba. La gente que está aquí no está conmigo, y los que están conmigo no están aquí.
Resulta desolador para todos. Y mi fortaleza tiene un límite. Crecimos hacia mundos diferentes, fue echar tierra a un ataúd. Pero la pala estaba hecha de metal candente, y las heridas aún escuecen si las froto. ¿Qué hacer?
Me encuentro a mí mismo en ese sitio. Oscuro, agradable. Parece más un hogar que la casa bien iluminada en la que he estado viviendo hasta ahora. No me duelen los muebles viejos ni los muelles que asoman del colchón. Aquí me reciben con los brazos abiertos. Me ofrecen. Y a pesar de que dije que no volvería, estoy tan hundido, que ya no sé quién soy, y poco importa ya quien fui. A quién le importa lo que dije. Sé que me va a aliviar. Porque estos meses han sido una frustración detrás de otra. Porque estoy más sólo que nunca y me he cansado de la situación.
Mi felicidad actual me hace doblegarme ante el momento, ante las cosas que dije. No eran sólo palabras entonces, pero ahora sí lo son.
¿Acaso sabe alguien lo que se siente el estar totalmente solo? El no tener a nadie con quien contar, el no tener a nadie con quien estar, ni hablar. Ni compartir. Ni dar.
Si lo hay, debería entenderme.
La comodidad no es pecado y la sensación de árida soledad quema el alma hasta que te deja en los huesos.
Me gusta. He de cambiar, eso es algo que sé. Pero no ahora. Sólo un mes más ahogando esta tortura y fumándome mis problemas. Olvidarme de todo, y volver a empezar.
jueves, 24 de octubre de 2013
Que no se nos olvide lo que nos hace diferentes.
Que no se nos olvide qué es lo que nos hace diferente a los humanos de los animales, porque hoy en día, los problemas sobran y las sonrisas escasean. Todos sabemos que la cantidad de armas que hay en el mundo asusta, a todos se nos olvida que, no tan lejos (porque, admitámoslo, hoy en día el planeta no es tan grande) se está matando a gente. Gente matando a gente, como si fuéramos animales.
Que no se nos olvide qué nos hace especiales a los seres humanos, que es, ni más ni menos, que ser humanos, y copiando y pegando la definición de "humano-a" según la Real Academia de la lengua Española, significa (3 definición): "Comprensivo, sensible a los infortunios ajenos". Que siendo cierto que es un adjetivo, es evidente su origen, ¿no?
No quiero cambiar el mundo, pero hoy (que bien podría haber sido mañana o hace 1 año) quiero pensar en ello, y te suplico que pienses conmigo, porque hay actos que ennoblecen al hombre y le dan el título de "Ser Humano". Porque es fácil ser persona, pero no es tan sencillo ser humano. Piensa en ello y por favor, no lo dejes en tu mente (¿de qué vale un buen pensamiento si no implica una buena acción?).
Sonríe a los que te sonrían, trata a los demás como personas antes que como "gente que hace su trabajo", ayuda cuando puedas, y así quizás el mundo en algún momento pueda llegar a ser un lugar mejor.
jueves, 11 de abril de 2013
Credo Personal de Jose Luis Sampedro
Creo en la Vida Madre todopoderosa creadora de los cielos y la Tierra. Creo en el hombre, su avanzado Hijo concebido en ardiente evolución, progresando a pesar de los Pilatos
e inventores de dogmas represores para oprimir la vida y sepultarla.
Pero la vida siempre resucita y el hombre sigue en marcha hacia el mañana.
Creo en los horizontes del espíritu que es la energía cósmica del mundo. Creo en la humanidad siempre ascendente. Creo en la vida perdurable
e inventores de dogmas represores para oprimir la vida y sepultarla.
Pero la vida siempre resucita y el hombre sigue en marcha hacia el mañana.
Creo en los horizontes del espíritu que es la energía cósmica del mundo. Creo en la humanidad siempre ascendente. Creo en la vida perdurable
Amén.
Jose Luis Sampedro
D.E.P. Realmente me hubiera gustado conocerle.
miércoles, 6 de febrero de 2013
Micro relato.
El cielo se cerró dejando una oscuridad aterradora en todos aquellos lugares que antes reflejaban la luz del sol. Corrió hacia la nada, intentando palpar los objetos que ya no estaban, buscando un apoyo, algo o alguien. No quería quedarse a solas. Un rayo lo cubrió todo de luz durante un instante, pero luego se unió al vacío. En la profundidad del infinito. De los infinitos. Todo era vacío, hasta su propia existencia.
viernes, 11 de enero de 2013
Érase una vez una muñeca
Un rayo de sol acarició la suave piel de porcelana. Hacía tanto que esto no ocurría, que nadie rebuscaba entre el polvo viejo del armario que de haber podido habría sentido una gran alegría y en su cara se hubiera mostrado una facción de sorpresa, y de sus labios color rosita se hubiera escapado un delicado "¡oh!" con el que expresar todo esto. Sin embargo no podía hacer nada de esto puesto que se trataba de una muñeca, y es bien conocido que los muñecos no sienten, que son sólo objetos.
La niña había recorrido tantas y tantas veces la casa que presumía de sabérsela de memoria, de no tener un único rincón en el que ella no hubiera investigado, por eso se asombró tanto al descubrir una portezuela del mismo color de la pared sobre la estantería en la que descansaban los libros de todo tipo que acumulaban el peso de las raídas tapas de cartón tras tanto tiempo. Y cuál fue su sorpresa al, conseguir abrir la puerta tras un crujido de la madera, verse deslumbrada por sus secretos, entre ellos una cara bonita que mostraba una expresión constante e indescifrable para las personas. Había estado tanto tiempo encerrada que los ojos de vidrio no brillaban por la gruesa capa de polvo, y de su vestidito que en su día había sido de un terciopelo aguamarina con los detalles bordados en delicado hilo dorado ahora sólo quedaban los jirones de lo que las polillas aún no habían tenido tiempo para sacar partido.
Sin pensárselo demasiado, sacó la muñeca de su escondite y, no sin esfuerzo, consiguió bajarlas a las dos de ahí arriba sanas y salvas. La niña cogió un trapito y le limpió todo el cuerpo, le buscó un traje nuevo, decidiendo que el que llevaba era bonito pero estaba muy desgastado y hacía que la muñeca luciera triste y le puso en su lugar un alegre vestido de flores de colores y le cepilló el pelo, alisando los rubios ricitos deshechos que solía tener. La invitó a tomar el té y la acunó con ternura como a todos sus muñecos antes de irse a la cama. De haber podido, la muñeca se hubiera sentido realmente agradecida y le hubiera dado las gracias y le hubiera deseado dulces sueños con una sonrisa muy dulce con la que la niña podría haberse sentido protegida.
Desde aquél momento la niña compartió sus risas y sus lágrimas con la muñeca, abrazándose a ella en las noches de tormenta y presumía de ella, orgullosa frente a sus amigas. Pero la muñeca no podía sentir pena cuando la niña lloraba o reía, ni podía devolverle el abrazo tras los temibles rayos y truenos que no escuchaba, ni podía presumir de dueña frente a los demás juguetes, porque desgraciadamente, la muñeca era una muñeca, y no podía sentir nada, y de haber podido seguramente se hubiera sentido muy alegre por su dueña y al mismo tiempo muy triste por no haber podido sentir ni hacer nada. Pero desgraciadamente no podía hacer nada de esto puesto que se trataba de una muñeca, y es bien conocido que los muñecos no sienten, que son sólo objetos.
Y de haber podido, la muñeca hubiera visto cómo las marcas en el marco de la puerta se elevaban muy despacito a medida que la niña crecía y empezaba a perder el interés, muy poquito a poco en todos sus muñecos, centrándose ahora en recibir el ansiado tratamiento de "mujercita" y no de "niña". Y a lo mejor se hubiera sentido triste el día en el que la niña decidió que la muñeca ocupaba un lugar en la cama que tal vez no le correspondía, y hubiera rogado y llorado y pataleado cuando la niña -ahora mujercita- la metió en el baúl con todas sus cosas viejas. Sin embargo la muñeca no se sentía triste, ni podía llorar ni patalear porque, quizás, afortunadamente era una muñeca y es bien conocido que los muñecos no sienten, que son sólo objetos.
La niña había recorrido tantas y tantas veces la casa que presumía de sabérsela de memoria, de no tener un único rincón en el que ella no hubiera investigado, por eso se asombró tanto al descubrir una portezuela del mismo color de la pared sobre la estantería en la que descansaban los libros de todo tipo que acumulaban el peso de las raídas tapas de cartón tras tanto tiempo. Y cuál fue su sorpresa al, conseguir abrir la puerta tras un crujido de la madera, verse deslumbrada por sus secretos, entre ellos una cara bonita que mostraba una expresión constante e indescifrable para las personas. Había estado tanto tiempo encerrada que los ojos de vidrio no brillaban por la gruesa capa de polvo, y de su vestidito que en su día había sido de un terciopelo aguamarina con los detalles bordados en delicado hilo dorado ahora sólo quedaban los jirones de lo que las polillas aún no habían tenido tiempo para sacar partido.
Sin pensárselo demasiado, sacó la muñeca de su escondite y, no sin esfuerzo, consiguió bajarlas a las dos de ahí arriba sanas y salvas. La niña cogió un trapito y le limpió todo el cuerpo, le buscó un traje nuevo, decidiendo que el que llevaba era bonito pero estaba muy desgastado y hacía que la muñeca luciera triste y le puso en su lugar un alegre vestido de flores de colores y le cepilló el pelo, alisando los rubios ricitos deshechos que solía tener. La invitó a tomar el té y la acunó con ternura como a todos sus muñecos antes de irse a la cama. De haber podido, la muñeca se hubiera sentido realmente agradecida y le hubiera dado las gracias y le hubiera deseado dulces sueños con una sonrisa muy dulce con la que la niña podría haberse sentido protegida.
Desde aquél momento la niña compartió sus risas y sus lágrimas con la muñeca, abrazándose a ella en las noches de tormenta y presumía de ella, orgullosa frente a sus amigas. Pero la muñeca no podía sentir pena cuando la niña lloraba o reía, ni podía devolverle el abrazo tras los temibles rayos y truenos que no escuchaba, ni podía presumir de dueña frente a los demás juguetes, porque desgraciadamente, la muñeca era una muñeca, y no podía sentir nada, y de haber podido seguramente se hubiera sentido muy alegre por su dueña y al mismo tiempo muy triste por no haber podido sentir ni hacer nada. Pero desgraciadamente no podía hacer nada de esto puesto que se trataba de una muñeca, y es bien conocido que los muñecos no sienten, que son sólo objetos.
Y de haber podido, la muñeca hubiera visto cómo las marcas en el marco de la puerta se elevaban muy despacito a medida que la niña crecía y empezaba a perder el interés, muy poquito a poco en todos sus muñecos, centrándose ahora en recibir el ansiado tratamiento de "mujercita" y no de "niña". Y a lo mejor se hubiera sentido triste el día en el que la niña decidió que la muñeca ocupaba un lugar en la cama que tal vez no le correspondía, y hubiera rogado y llorado y pataleado cuando la niña -ahora mujercita- la metió en el baúl con todas sus cosas viejas. Sin embargo la muñeca no se sentía triste, ni podía llorar ni patalear porque, quizás, afortunadamente era una muñeca y es bien conocido que los muñecos no sienten, que son sólo objetos.
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