Breve introducción al blog
¡Hola vividores!
Podéis llamarme Rodre. En realidad mi nombre es compuesto, pero no me gusta tener nombre de virgen (aún así queda chulo decir "L.A. yeah, that's my second name")
Nací para conocer. Se conoce mediante la experiencia y ésta te la da la vida. En resumen, nací para vivir. Pero hay muchas maneras de hacerlo y a mí me gusta viajar, la fotografía y las galletas, es lo que hay.
Soy un bípedo implume y le busco lógica a todo, pero mas bien mi mente lo centrifuga todo hasta hacer que pierda sentido. Una locura.
Tengo otro blog, el de "Hoy me siento feliz" pero este es diferente. Es mucho más personal, es posible que ya te hayas dado cuenta de que desvarío, puede ser que sea porque estoy un poco loca.
¡Espero que disfrutéis! :)
lunes, 23 de marzo de 2015
Nana de medianoche.
Tu melena se desparrama por la almohada y la nuca me da los buenos días asomada entre los mechones de tu pelo. Acurrucada, enterrada entre edredones, cojines y sábanas de algodón, sueñas. Me pregunto qué será que lo que te da tanta paz. Y me pregunto qué será lo que pasó cuando tu corazón se detiene, tu respiración se acelera y abres los ojos, envuelta en un sudor frío y con la angustia en cada facción de tu rostro. No te contemplo, estoy poniéndome la corbata, no puedo abrazarte, no me siento así. Ni siquiera te noto porque no estoy. Y sin embargo te siento, dentro de mí, cálida y fría al mismo tiempo. La estela de tu esencia se encuentra en cada recuerdo pero no estás, y esa nuca ya no me busca a mí.
No duermes por la noche y no despiertas durante el día, las ojeras se han instalado bajo tus ojos, y yo no estoy ahí. No puedo estarlo, y lo sabes. Te admiro en la distancia, te quiero en el olvido y te ahogo al mismo tiempo que te invoco en cada momento de mi día. Y se va el sol, y las estrellas no se ven con las nubes. ¿Podrás imaginártelas con las luces en cada gota de lluvia?
No te abrazo, no te quiero. No me quieres.
miércoles, 18 de febrero de 2015
Love junkie
Miro por la ventana y contemplo cómo amanece el mundo mientras me arrumo a mí misma porque no hay quien lo haga. Poco a poco las luces llegan como destellos y colorean las paredes que antes eran negras como un tizón. Lástima que mi ventana de a un patio interior.
Me pincho al besar la flor azul que hay en mis labios, como una rutina de buenos días mientras abro poco a poco los ojos, que se despiertan cansados, hundidos, escondidos tras las ojeras acumuladas, semana tras semana. Veo cómo llega la luz y lo único que enseña es oscuridad. Veo llegar el calor y lo que noto es que sigue haciendo frío. Veo cómo sale el sol pero sigo notando la lluvia que me distrae unos momentos más hasta que salgo de la cama.
Cae una copa al suelo y escucho los trozos de vidrio que se esparcen por el piso y también el líquido rojo que se expande, marcando como posesión a todos los objetos a los que llega a alcanzar. Lo oigo, lo siento, igual que siento ese carámbano atravesado en mi pecho. Empezó como una flecha y mi propia escarcha lo ha agrandado hasta que dentro de mí sólo noto una ausencia, en el agujero por el que me atraviesa.
No hay historia porque no hay nada que contar.
Me pincho al besar la flor azul que hay en mis labios, como una rutina de buenos días mientras abro poco a poco los ojos, que se despiertan cansados, hundidos, escondidos tras las ojeras acumuladas, semana tras semana. Veo cómo llega la luz y lo único que enseña es oscuridad. Veo llegar el calor y lo que noto es que sigue haciendo frío. Veo cómo sale el sol pero sigo notando la lluvia que me distrae unos momentos más hasta que salgo de la cama.
Cae una copa al suelo y escucho los trozos de vidrio que se esparcen por el piso y también el líquido rojo que se expande, marcando como posesión a todos los objetos a los que llega a alcanzar. Lo oigo, lo siento, igual que siento ese carámbano atravesado en mi pecho. Empezó como una flecha y mi propia escarcha lo ha agrandado hasta que dentro de mí sólo noto una ausencia, en el agujero por el que me atraviesa.
No hay historia porque no hay nada que contar.
martes, 20 de enero de 2015
Prometo follarte
Nos conocimos de una manera rápida, desesperada, casual. Si esto fuese una película, la universidad sería la excusa para dar pie a la acción. Pasamos de un "hola" a la acción más rápido de lo que lo había hecho en toda mi vida. Pronto se convirtió en un desenfreno: Noche y día, a todas horas, me pedías más y más. El cansancio que me dabas y el dinero que me hacías gastar, bien lo compensabas con lo que me proporcionabas. Oh, más, joder, así, más, más, MÁS, QUIERO MÁS.
Me mataba lo lejos que estabas, a media hora de tren, tiempo que se convertían en mil horas cuando notaba el deseo y quería verte con desesperación. Entraste en mi vida como un tornado desordenando todos mis esquemas y superando todo lo que, hasta el momento pensé que eran aquellas enormes expectativas que hoy en día considero minúsculas. Me hacías querer más. Pedir más, dar más. Tú fuiste una barra libre de gas butano para la pequeña llamita que yo solía tener. BUM. Ya nada era como solía ser, en un año mi vida patas arriba y mi vida ya no sería igual.
Formalizamos un poco nuestra relación, ya la hicimos oficial. Eramos tú, y yo, y alguna visita que te hacía de vez en cuando para que me dieras lo que yo quería que me dieses, más suave, menos frecuente pero siempre igual de placentera.
Pero todo cambió cuando me fui, ¿verdad? Te tuve que dejar porque la excusa por la que llegué a conocerte -y por la que seguía contigo- no pudo continuar. Te dejé por otra, y te prometo que al principio te fui fiel. Me quedaba con tu potencia, con tu tamaño, con tu sadismo, respecto a la idiotez y sumisión que me daba la otra. Pero entiéndeme, no estaba contigo, estaba con ella, que a pesar de sus muchos defectos, me hacía sentir como en casa, y su sumisión me ayudaba a destacar, algo que no podía hacer en el inmenso océano que eres, por pura naturaleza. Me hice a ella, que me trató con cariño, me daba energía en vez de robármela y no me pedía tanto, porque, siéndote sincera, tú exiges mucho, oh, muchísimo, y además a un ritmo que nadie puede aguantar sin volverse un poco loco.
La cuestión es que ella, a quien yo al principio miraba con recelo y desgana acabó dándome una felicidad que bien podría parecerse al cielo, aunque tú no dejabas de ser la tierra prometida, pero aún así yo quise ir a una tercera que no me dejó ni acercarme a ella, y que te dejó a ti en un segundo lugar. Cosas que pasan, no siempre se consigue exactamente lo que uno se propone, pero oye, para ser un segundo plato, llenas bastante.
Así, este año volví a ti, llena de la energía recuperada y dispuesta, a pesar de que fueses el segundo plato a continuar con la vida de placer desenfrenado que solías darme. Y lo cumpliste, oh sí que lo cumpliste, pero igual que la primera vez iba sin grandes expectativas y tu inmensidad las superó como si fuese la fuerza de un humano contra la de una roca, ahora mis expectativas eran superiores y en poco tiempo me cansé de ti, tal vez no supimos estar a la altura, ni tú para mí ni yo para ti.
¿Qué nos ha pasado, querida mía, que donde antes había fuego ahora sólo hay un azul vacío? ¿Y donde estaba la paz también vacío? ¿Y esas grandes expectativas? ¿Y esa capacidad para cumplirlas? Ahogadas, ahogadas todas. Ya no hay noches de desenfreno, sólo paseos de indiferencia. Ahora me cansas rápido y a mí no me apetece verte. Tu magia se apagó, parece ser que alguien cerró la llave del gas...
Cariño mío, amor, mi vida. todo cambia. Yo he cambiado y tú... Ya no sé si has cambiado tú también. Algo de ti también lo ha hecho y ya se ha perdido mucho entre nosotras. Aún se puede salvar, mi amor, aún se puede salvar. Sólo te pido que me des una oportunidad más. Déjame explorarte una vez más, y después podremos decidir si aún se puede recuperar algo de lo que ya pasó, de manera diferente, o si ya es mejor darlo todo por perdido.
Madrid, amante mía, no me abandones aún, que tendré que vivir contigo al menos un año más.
Me mataba lo lejos que estabas, a media hora de tren, tiempo que se convertían en mil horas cuando notaba el deseo y quería verte con desesperación. Entraste en mi vida como un tornado desordenando todos mis esquemas y superando todo lo que, hasta el momento pensé que eran aquellas enormes expectativas que hoy en día considero minúsculas. Me hacías querer más. Pedir más, dar más. Tú fuiste una barra libre de gas butano para la pequeña llamita que yo solía tener. BUM. Ya nada era como solía ser, en un año mi vida patas arriba y mi vida ya no sería igual.
Formalizamos un poco nuestra relación, ya la hicimos oficial. Eramos tú, y yo, y alguna visita que te hacía de vez en cuando para que me dieras lo que yo quería que me dieses, más suave, menos frecuente pero siempre igual de placentera.
Pero todo cambió cuando me fui, ¿verdad? Te tuve que dejar porque la excusa por la que llegué a conocerte -y por la que seguía contigo- no pudo continuar. Te dejé por otra, y te prometo que al principio te fui fiel. Me quedaba con tu potencia, con tu tamaño, con tu sadismo, respecto a la idiotez y sumisión que me daba la otra. Pero entiéndeme, no estaba contigo, estaba con ella, que a pesar de sus muchos defectos, me hacía sentir como en casa, y su sumisión me ayudaba a destacar, algo que no podía hacer en el inmenso océano que eres, por pura naturaleza. Me hice a ella, que me trató con cariño, me daba energía en vez de robármela y no me pedía tanto, porque, siéndote sincera, tú exiges mucho, oh, muchísimo, y además a un ritmo que nadie puede aguantar sin volverse un poco loco.
La cuestión es que ella, a quien yo al principio miraba con recelo y desgana acabó dándome una felicidad que bien podría parecerse al cielo, aunque tú no dejabas de ser la tierra prometida, pero aún así yo quise ir a una tercera que no me dejó ni acercarme a ella, y que te dejó a ti en un segundo lugar. Cosas que pasan, no siempre se consigue exactamente lo que uno se propone, pero oye, para ser un segundo plato, llenas bastante.
Así, este año volví a ti, llena de la energía recuperada y dispuesta, a pesar de que fueses el segundo plato a continuar con la vida de placer desenfrenado que solías darme. Y lo cumpliste, oh sí que lo cumpliste, pero igual que la primera vez iba sin grandes expectativas y tu inmensidad las superó como si fuese la fuerza de un humano contra la de una roca, ahora mis expectativas eran superiores y en poco tiempo me cansé de ti, tal vez no supimos estar a la altura, ni tú para mí ni yo para ti.
¿Qué nos ha pasado, querida mía, que donde antes había fuego ahora sólo hay un azul vacío? ¿Y donde estaba la paz también vacío? ¿Y esas grandes expectativas? ¿Y esa capacidad para cumplirlas? Ahogadas, ahogadas todas. Ya no hay noches de desenfreno, sólo paseos de indiferencia. Ahora me cansas rápido y a mí no me apetece verte. Tu magia se apagó, parece ser que alguien cerró la llave del gas...
Cariño mío, amor, mi vida. todo cambia. Yo he cambiado y tú... Ya no sé si has cambiado tú también. Algo de ti también lo ha hecho y ya se ha perdido mucho entre nosotras. Aún se puede salvar, mi amor, aún se puede salvar. Sólo te pido que me des una oportunidad más. Déjame explorarte una vez más, y después podremos decidir si aún se puede recuperar algo de lo que ya pasó, de manera diferente, o si ya es mejor darlo todo por perdido.
Madrid, amante mía, no me abandones aún, que tendré que vivir contigo al menos un año más.
domingo, 7 de diciembre de 2014
fragmento abstracto
7 a.m. No es el despertador lo que suena, sino música suave. Si avanzas por el pasillo verás que todas las luces están apagadas pero una sigue encendida. Esa luz no descansa nunca. A veces ciega a los que la ven, a veces parece que tiembla justo antes de apagarse. Pero no se apaga. Nunca del todo. Si abres la puerta entrarás a nadar en el mar que está dentro. El agua salada te bañará, y será extraño porque la temperatura sea cálida, tú no dejarás de sentir frío en tu corazón.
No es que esté mal, pero no es lo adecuado y temes las consecuencias. Eso no te deja dormir, eso no te deja descansar. Ni eso ni todo lo demás. ¿Y cómo iba a estar mal algo que nos presentan como maravilloso?
El pilar, sujeto sobre una caja tambalea cuando la tapadera se quiebra. Asoma de esa caja tu peor pesadilla, que no tiene cara ni forma. Es una sombra que se echa sobre ti. Siempre estuvo ahí, afectando, pero decidiste que la mejor solución ante una batalla que no podías ganar era ocultar eso. Parece que el mundo va a colapsar, pero serás sólo tú. Somos demasiado poco importantes, ¿no es así?
Notas las jeringuillas a tus pies. Te dan sueños para la realidad de la que no puedes huir porque en lo poco que duermes no te evades. De nuevo habrá que sacar fuerzas de alguna sustancia que no produzca nuestro cerebro.
Otra cosa mas que puede destrozar tu mundo, pero la tierra seguirá girando y será, a fin de cuentas, una historia más que contar dentro de ese día glorioso. Glorioso como todos. Y como suele pasar, al ser todos los días gloriosos ninguno lo es en realidad.
No es que esté mal, pero no es lo adecuado y temes las consecuencias. Eso no te deja dormir, eso no te deja descansar. Ni eso ni todo lo demás. ¿Y cómo iba a estar mal algo que nos presentan como maravilloso?
El pilar, sujeto sobre una caja tambalea cuando la tapadera se quiebra. Asoma de esa caja tu peor pesadilla, que no tiene cara ni forma. Es una sombra que se echa sobre ti. Siempre estuvo ahí, afectando, pero decidiste que la mejor solución ante una batalla que no podías ganar era ocultar eso. Parece que el mundo va a colapsar, pero serás sólo tú. Somos demasiado poco importantes, ¿no es así?
Notas las jeringuillas a tus pies. Te dan sueños para la realidad de la que no puedes huir porque en lo poco que duermes no te evades. De nuevo habrá que sacar fuerzas de alguna sustancia que no produzca nuestro cerebro.
Otra cosa mas que puede destrozar tu mundo, pero la tierra seguirá girando y será, a fin de cuentas, una historia más que contar dentro de ese día glorioso. Glorioso como todos. Y como suele pasar, al ser todos los días gloriosos ninguno lo es en realidad.
sábado, 8 de noviembre de 2014
Soy diferente.
El despertador suena a las siete. Se levanta, va a la cocina, desayuna café y tostadas. Va al baño, se ducha, se viste, se arregla. Agarra la mochila y sale de casa para coger a tiempo el tren que pasa a y diecinueve.
Entra en el aula, se sienta. Escucha, garabatea apuntes, hace dibujos en los márgenes. Sale. Habla con los compañeros, entra en otro aula, escucha, grabatea, dibuja. Sale. Habla. Entra. Sale. Corre hacia el tren que pasa a y cinco para llegar a y media a casa. Suelta la mochila. Va a la cocina, come, vuelve a la habitación, se tumba en la cama. Habla con amigos que no están ahí. Chatea. Mira fotos. Chatea. Mira el correo, hace los deberes. Chatea. Mira fotos. Mira imágenes. Ve vídeos. Chatea. Se pone el pijama. Y por último, antes de irse a la cama piensa "menos mal que soy diferente".
viernes, 19 de septiembre de 2014
Me aburre,me gusta
Me aburre la gente monotemática, cuyas cabezas solo funcionan en una dirección. Me gusta la gente abierta y que salgan de sus espacios de confort para adentrarse en la magia de la realidad.
Me aburre la gente dormida, que vive como si no vivieran, que sienten y no padecen. Me gusta la gente despierta, pasional, que se atreva con todo y a la que le aterrorice la rutina.
Me aburre la gente que se repite, que busca en sus amigos iguales y no diferentes. Me gustan las personas que no se encasilla dentro de un gusto.
Me aburren las personas que no saben. Me gustan las personas que, sin saber, siembran la curiosidad con pregunta.
Me aburre la gente que sentencia. Me gusta la gente que pregunta.
Me aburre la gente cuerda. Me enloquece la gente loca.
Me aburre la gente dormida, que vive como si no vivieran, que sienten y no padecen. Me gusta la gente despierta, pasional, que se atreva con todo y a la que le aterrorice la rutina.
Me aburre la gente que se repite, que busca en sus amigos iguales y no diferentes. Me gustan las personas que no se encasilla dentro de un gusto.
Me aburren las personas que no saben. Me gustan las personas que, sin saber, siembran la curiosidad con pregunta.
Me aburre la gente que sentencia. Me gusta la gente que pregunta.
Me aburre la gente cuerda. Me enloquece la gente loca.
miércoles, 25 de junio de 2014
Automático.
Todo ha cambiado tan deprisa. Ya no somos como solíamos ser ¿lo somos?
¿Y a quién le importará esto? A fin de cuentas sólo somos personas. Podría decirse que ha ido a mejor. Podría decirse que ha ido a peor. Eso el tiempo lo dirá.
En el borde del precipicio los sueños dan vueltas alrededor de la cabeza. Las aspiraciones, las ideas. Es curioso cómo el pensar en el fin puede llegar a darle sentido a la existencia. Flotamos en medio de la nada y, como pompas de jabón que somos, en algún momento, cuando nos acercamos mucho al sol, nuestra estructura explota dejando rastros de lo que fuimos. De lo que quisimos ser, de lo que queríamos y deseamos, de lo que tuvimos. Rastros, a fin de cuenta, de nosotros mismos. Rastros que el mismo viento que nos llevó a nosotros se lleva.
Nuevas vidas, nuevas aspiraciones. Ascensos y descensos. Y despedidas inesperadas que vacían nuestro sentido y nos llenan de más emoción de las que creemos que podemos contener. Pero aún así aguantamos. Cuando algo desgarra la estructura interna. Y al cabo de un tiempo se ve que esa estructura está intacta, que cambió poco más que la pintura de la pared en la que pintamos los sueños. Cambia la compañía, pero seguimos avanzando.
Somos, somos fuertes.
Nuestro cuerpo nos permite serlo, nuestra mente también, y nuestra voluntad nos permite continuar. Porque la misma curiosidad que mató al gato... salvó al ser humano.
¿Y a quién le importará esto? A fin de cuentas sólo somos personas. Podría decirse que ha ido a mejor. Podría decirse que ha ido a peor. Eso el tiempo lo dirá.
En el borde del precipicio los sueños dan vueltas alrededor de la cabeza. Las aspiraciones, las ideas. Es curioso cómo el pensar en el fin puede llegar a darle sentido a la existencia. Flotamos en medio de la nada y, como pompas de jabón que somos, en algún momento, cuando nos acercamos mucho al sol, nuestra estructura explota dejando rastros de lo que fuimos. De lo que quisimos ser, de lo que queríamos y deseamos, de lo que tuvimos. Rastros, a fin de cuenta, de nosotros mismos. Rastros que el mismo viento que nos llevó a nosotros se lleva.
Nuevas vidas, nuevas aspiraciones. Ascensos y descensos. Y despedidas inesperadas que vacían nuestro sentido y nos llenan de más emoción de las que creemos que podemos contener. Pero aún así aguantamos. Cuando algo desgarra la estructura interna. Y al cabo de un tiempo se ve que esa estructura está intacta, que cambió poco más que la pintura de la pared en la que pintamos los sueños. Cambia la compañía, pero seguimos avanzando.
Somos, somos fuertes.
Nuestro cuerpo nos permite serlo, nuestra mente también, y nuestra voluntad nos permite continuar. Porque la misma curiosidad que mató al gato... salvó al ser humano.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)